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The use of force is a defining characteristic of the police. Although studies show that the police use force infrequently, and deadly force rarely, police work is predicated on the ultimate recourse to physical intervention. As Egon Bittner expressed it, the police are “nothing else than a mechanism for the distribution of situationally justified force in society.”

 

The concept of force, and the different actions that are subsumed by it, vary across time and place. Understood as the threat, or use, of physical constraint or physical incapacitation against a person, force can result in degradation, pain, injury and occasionally death. This definition underlies the widespread social concern regarding use of force by the police, because its effects are physically and psychologically indistinguishable from those produced by violence. The distinction between force and violence is not material (based on their consequences), but moral (based on the purposes for which they are used). Force is physical intervention for justified reasons, such as the need to defend someone’s life or to bring a law violator to justice. Violence is physical intervention without justification. Thus, when physical intervention by the police is unjustified, police use of force has been transformed into police violence.

 

Distinguishing between justified and unjustified uses of force by the police is not easy. Several dimensions of an encounter may need to be considered simultaneously, such as the behavior of the citizen, the types of physical intervention available to the police officer, and the legal mandate for police work. Depending upon the attention given to each of these dimensions, justifications for the use of force can vary in content. Additionally, the interactions between citizens and the police in the diverse encounters that are common to police work may be rapid and changing. The use of deadly force, for example, may be justified if the citizen is wielding a gun, but not so if he throws it to the ground. Depending upon the attention given to these interactions, justifications for the use of force can vary in level of detail.

 

These two types of variation – in content and detail – of justifications for the use of force can be observed not only in individual officers’ accounts but also in the laws and departmental policies that govern the use of force by the police. The different normative frameworks for the use of force therefore represent an interesting and important topic for study. They are of interest because the normative frameworks for the use of force reflect potentially different conceptions of policing and may reveal important social and cultural variations in perceptions of police work. They are important because varied normative frameworks for the use of force pose challenges for international human rights initiatives that would seek to standardize the justified uses of force by the police.

 

However, despite their interest and importance, the normative frameworks for the use of force have not figured prominently in research on the police. Far greater attention has been paid, for example, to the incidence and determinants of the use of force and to the institutions that monitor police behavior. For that reason, scholars from five countries came together (in Mérida, Venezuela) in March 2001 to discuss the possibilities for an international comparative project on the normative frameworks for the use of force by the police. Over the course of three days, researchers from Brazil, Canada, Trinidad and Tobago, the United Kingdom and Venezuela presented basic information about the use of force by the police in each country and discussed the preliminary design of an empirical project that would explore normative frameworks for the use of force (see Conference 2001 in Mérida).

 

In April 2002 the group met for a second time in Vancouver, Canada, to finalize the design for the project and establish a timetable for conducting data collection and analysis. Researchers from Argentina, Brazil, Canada, Germany, the United Kingdom and Venezuela were present at the meeting, and additional countries may participate in this project (see Conference April 2002 in Vancouver). The data collection protocol will be tested in each country by the end of 2002 and data collection will proceed during 2003. The research group has scheduled a panel on “Normative Frameworks for the Use of Force by the Police” at the World Society of Criminology meeting to be held in Rio de Janeiro, Brazil, in August 2003 (see Meeting 2003 in Rio de Janeiro). At that panel, members of the group will give an overview of the international project and reports on participating countries.

 

Espanol

El uso de la fuerza es una de las características que define a la policía. Aunque las investigaciones indican que la fuerza es empleada con poca frecuencia, y la fuerza letal casi nunca, el trabajo policial se fundamenta sobre la posibilidad de recurrir en última instancia a la intervención física. Como lo expresa Egon Bittner, la policía es “nada más que [o sea, esencialmente] un mecanismo para la distribución de la fuerza situacionalmente justificada en la sociedad”.

 

El concepto de fuerza, y las diferentes acciones que esta puede comprender, tiene un significado que varía a través del tiempo, y de un lugar a otro. Sin embargo, si la entendemos como la amenaza, o el uso, de la sujeción, inmovilización o incapacitación corporales de una persona, es evidente que la fuerza puede producir, como consecuencias, la degradación de la persona, el dolor, las lesiones y, ocasionalmente, la muerte. Esta concepción de la fuerza subyace en la amplia preocupación social por el uso de la fuerza por parte de la policía, ya que sus secuelas físicas y psicológicas no se distinguen en nada de aquellas producidas por la violencia. Así, la diferencia entre la fuerza y la violencia no se basa en lo material (sus consecuencias) sino en lo moral (los fines que persiguen). La fuerza sería la intervención física por razones justificadas, como la defensa de una vida o la aprehensión de una persona que haya cometido un delito. La violencia sería la intervención física sin justificación. De esta manera, cuando la intervención física por parte de la policía no es justificada, la fuerza se ha transformado en violencia policial.

 

Distinguir entre los usos justificados e injustificados de la fuerza por parte de la policía no es tarea fácil. Por una parte, son varias las dimensiones del encuentro que deberían considerarse simultáneamente, como por ejemplo, el comportamiento del ciudadano, los recursos para la intervención física de que dispone la policía y el basamento legal del trabajo policial. Dependiendo de la atención que se presta a cada una de estas dimensiones, las justificaciones para el uso de la fuerza variarán en su contenido. Por otra parte, las interacciones entre los ciudadanos y la policía en los diferentes encuentros que caracterizan el trabajo policial pueden ser rápidas y cambiantes. Por ejemplo, el uso del arma reglamentario podría ser justificado si el ciudadano esgrime un revólver, pero injustificado si lo tira al piso. Dependiendo del nivel de atención a estas posibles interacciones, las justificaciones para el uso de la fuerza pueden variar en su nivel de detalle.

 

Estos dos tipos de variación – en contenido y detalle – de las justificaciones para el uso de la fuerza se pueden observar no solamente en los relatos formulados por cada efectivo policial, sino también en las leyes y reglamentos que pautan el uso de la fuerza por parte de la policía. Esos diferentes “marcos normativos” para el uso de la fuerza representan, entonces, un tema de investigación interesante e importante. Es un tema interesante dado que los marcos normativos para el uso de la fuerza reflejan concepciones potencialmente diferentes sobre la naturaleza de la policía y posiblemente revelan variaciones sociales y culturales en las percepciones del trabajo policial. A la vez, es un tema de investigación importante por que los variados marcos normativos para el uso de la fuerza significan un reto para las iniciativas internacionales en el campo de los derechos humanos que pretenden estandarizar los usos justificados de la fuerza por parte de la policía.

 

No obstante, y pese a su interés e importancia, los marcos normativos para el uso de la fuerza no han constituido un tema sobresaliente en la investigación sobre la policía. Mucho mayor atención se ha dedicado, por ejemplo, a la incidencia y determinantes del uso de la fuerza y a las instituciones que controlan la actuación de la policía. Por esa razón, en marzo de 2001 se unieron académicos de cinco países (en Mérida, Venezuela) para explorar las posibilidades de montar un proyecto internacional comparado sobre los marcos normativos para el uso de la fuerza por parte de la policía. Durante tres días, investigadores de Brasil, Canadá, Trinidad y Tobago, Reino Unido y Venezuela presentaron información general sobre la policía y el uso de la fuerza en cada país y sentaron las bases preliminares para un proyecto empírico que estudiaría los marcos normativos para el uso de la fuerza (ver Conference 2001 in Mérida).

 

En abril de 2002, el grupo se reunió por segunda vez en Vancouver, Canadá, para finalizar el diseño del proyecto y fijar un cronograma para la recopilación y el análisis de los datos. La reunión contó con la participación de investigadores de Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Reino Unido y Venezuela, y es posible que otros países se unan al proyecto (ver Conference April 2002 in Vancouver). La metodología para la recopilación de los datos será probada previamente en cada país antes de finalizar el 2002 y el levantamiento de la información proseguirá durante 2003. El grupo de investigación ha organizado un panel sobre “Los Marcos Normativos para el Uso de la Fuerza por Parte de la Policía” en el marco del Congreso Mundial de Criminología a celebrarse en Río de Janeiro en agosto de 2003 (ver Meeting 2003 in Rio de Janeiro). En ese panel, los integrantes del grupo darán una visión general del proyecto y presentarán ponencias sobre los países participantes.